¿Sabías que ...
En el preámbulo de esta Convención se afirma que los jóvenes conforman un sector social que requieren una atención especial por tratarse de un período de la vida donde se forma y consolida la personalidad, la adquisición de conocimientos, la seguridad personal y la proyección al futuro. También se pone el acento en que entre los jóvenes de la Región se constatan graves carencias y omisiones que afectan su formación integral, al privarlos o limitarles derechos como: la educación, el empleo, la salud, el medio ambiente, la participación en la vida social y política y en la adopción de decisiones, la tutela judicial efectiva, la información, la familia, la vivienda, el deporte, la recreación y la cultura en general.
Para más información: www.oij.org
Los derechos son conquistas históricas, fruto de luchas y esfuerzos de muchas personas y grupos. No están dados, sino que se conquistaron. Eso quiere decir que es importante hacer, moverse. No podemos quedarnos sentados pasivamente viendo si se cumplen o quejándonos porque se violan.
El Estado es el garante legal de los derechos. También los adultos son responsables de que se cumplan nuestros derechos, siempre y cuando también conozcan cuáles son sus derechos y que en su rol de adulto deben vigilar para que éstos se cumplan.
Para más información podés consultar “Los jóvenes y sus derechos”, en "Saber para actuar, exigir y denunciar". (Shalom, H., Chemen, S., Taber, B., Balardini, S. Lugar Editorial).
Participar es tomar parte en las decisiones. “Participar es un verbo que se conjuga en plural”. El lugar de participación puede ser cualquier ámbito en el que los jóvenes puedan juntarse para hacer cosas que les hacen bien, desde una murga, un microemprendimiento o un trabajo solidario. Los lugares pueden ser centros de estudiantes, partidos políticos, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, etc.
Este derecho incluye saber de dónde vinimos, quiénes son nuestros padres y cuál es nuestra historia. Este derecho también incluye el derecho a la diferencia y a la equidad, entendiendo que tenemos derecho a aceptar y respetar las diferencias que tienen las personas en sus rasgos, sus características y creencias, y reconociendo que cualesquiera sean estas diferencias a todos les corresponde un acceso equitativo a los bienes sociales: educación, salud, trabajo, calidad de vida, posibilidades de desarrollo personal, etc.
Tenés derecho a una sexualidad elegida, placentera y equitativa. Poder elegir con quién, cuándo y dónde, contando con la información necesaria, sabiendo que son los dos los que deciden. Poder ejercer el derecho a la búsqueda del propio placer y del otro. Saber que varones y mujeres se vinculan en su vida sexual desde la igualdad de derechos y oportunidades.
El derecho a la intimidad ampara la autonomía individual integrada por sentimientos, hábitos, costumbres, relaciones familiares, posición económica, creencias religiosas, salud mental y física y todos los hechos y datos que integran el estilo de vida de una persona. Este derecho comprende el derecho a la reserva y al respeto a la vida privada.
La educación es central para estar o no incluídos en la sociedad. Un joven con acceso al mundo del conocimiento tiene en sus manos más recursos para convertirse en sujeto de su propia vida y sus derechos.
El conocimiento se co-produce, no se recibe ni se reparte. A diferencia de los bienes que se distribuyen, el conocimiento y los aprendizajes implican un rol activo de varias personas. Esto requiere de docentes que se jueguen, que quieran enseñar y que entiendan que es parte de su tarea motivar e incentivar para que los jóvenes sigan aprendiendo. También es importante que en la escuela circulen contenidos significativos y ligados a los intereses de los jóvenes.
Muchos jóvenes se sienten impotentes ante las posibilidades de conseguir trabajo. Es importante adoptar una posición proactiva: mirar hacia adelante, buscar la mejor manera de hacer frente a las dificultades y ser creativos para obtener lo que queremos.
En la Carta Iberoamericana de Derecho de los Jóvenes se expresa que: “Los y las jóvenes tienen derecho a la igualdad de oportunidades y trato en lo relativo a la inserción, remuneración, promoción y condiciones de trabajo, a que existan programas que promuevan el primer empleo, la capacitación laboral y que se atienda de manera especial a quienes se encuentren temporalmente desocupados”.
Una vez conocidos nuestros derechos, a la hora de prepararnos para la vida laboral, es importante tener en cuenta:
Estos documentos son el resultado, en gran parte, de la lucha de distintos grupos por conseguir relaciones más igualitarias; los jóvenes han sido y son el actualidad parte de esta lucha.
Los derechos políticos (como por ejemplo votar) se adquieren a los 18 años y los civiles (por ejemplo casarse), a los 21 años. Del relato anterior se desprende entonces que, a los 21 años se adquieren legalmente todos los derechos civiles, rigiendo los mismos derechos que para los adultos. Sin embargo, hay una forma legal de ejercer esos derechos civiles antes de la mencionada edad: a través de la emancipación. Por ejemplo, si querés ejercer el comercio o casarte a los 18 años, si bien no tenés la capacidad civil para hacerlo por ser menor de 21 años, podés solicitar la emancipación.
En la Ciudad de Buenos Aires existe una gran cantidad de instituciones y organismos -públicos y privados- encargados de difundir y defender los derechos humanos, y de los jóvenes específicamente:
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